Desarrollando una mentalidad que toma riesgos y es más flexible.

Una mentalidad que toma riesgos y es más flexible, es infinitamente preferible, a una que se mantiene fija, porque la primera beneficiará a los más exigentes en el ámbito educacional: los aprendices de educadores, colegas, sus familias, la comunidad, el campo de educación y por supuesto, al educador mismo.

profesores con iniciativa

La mentalidad se define como un conjunto de suposiciones, métodos o nociones de una o más personas o grupos de personas, que están tan establecidos que crean un incentivo poderoso dentro de estas personas o grupos, para continuar adoptando o aceptando comportamientos anteriores, elecciones o herramientas.

Dado el clima en el sistema de educación actual, sistema que se basa sobre todo en la responsabilidad, programas fijos y enseñar lo enseñado, demasiados profesores han desarrollado una mentalidad fija. Muchos educadores se sienten forzados a entrar en un paradigma de enseñanza, donde se sienten sujetos a prácticas de enseñanza que están fuera de su control. Por lo tanto, cuando se les pide que se involucren en un proceso de crecimiento y desarrollo continuo, muchos afirman: No tengo el tiempo suficiente, necesito enseñarles para el examen, puedo perder el control de mi clase, siempre tengo logros con mi manera de hacer las cosas.

Lo que pasa demasiado seguido, es que dadas estas restricciones, los educadores desarrollan sentimientos de impotencia. Esto lleva al desarrollo de creencias, como la de que no tienen libertad para tomar riesgos, ni de intentar cosas nuevas en sus clases. Es un mito que operemos bajo un conjunto de restricciones burocráticas. En realidad los profesores tienen mucha autonomía en el trabajo que eligen hacer dentro de sus clases. En muchos casos es nuestra cultura, la que impone esas restricciones. Para los maestros que están intentando nuevas prácticas y pedagogía es riesgoso y ambas, nuestra cultura y nuestra dependencia a la jerarquía, proveen las barreras ideales para que se pueda dar un cambio. Como Pongo señaló hace muchos años: hemos topado con el enemigo y somos nosotros. En lugar de esta mentalidad fija y paralizadora, los educadores deben enfocarse en tener una mentalidad capaz de tomar riesgos y ser flexible. Me gustaría que los profesores encontraran algo que indique su disposición de continuar evolucionando y mejorando sus habilidades profesionales.

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La importancia de reconocer las emociones para lograr un mejor aprendizaje

“Si alguna vez te has sentido estresado entre el momento en que te levantas y llegas a dar clase, levanta la mano”

Hace una semana iniciamos un entrenamiento dentro de nuestra escuela y cada sesión iniciaba con esta frase. Cuando los estudiantes levantan sus manos y miran a su alrededor y descubren que tanto la directora como sus maestros y otros estudiantes también han levantado la mano, se crea un momento de pertenencia y validación. Al admitir que los profesores también pueden tener un mal día (sorpresa, no son máquinas) días emocionalmente complicados, días felices y días cansados, los estudiantes comienzan a ver a sus maestros como humanos y pueden relacionarse de mejor forma con ellos.

 

educación y emociones

Al lograr que los estudiantes compartan su propios estados emocionales, como estrés, tristeza o emoción, los profesores pueden hacer una lectura de dónde se encuentra ese estudiante y qué tan propicio o no, es ese estado para el aprendizaje. Por ejemplo, un estudiante que no ha desayunado y salió de su casa luego de haber discutido con alguno de sus padres, puede que necesite un poco de tiempo adicional para lidiar con sus emociones, puede hacerlo con una caminata, bailando o simplemente hablándolo, antes de comenzar a trabajar. Esto beneficia a toda la clase, porque es probable que ese estudiante distraiga menos a sus compañeros, que no genere antagonismos en situaciones negativas o se ponga desafiante o impertinente frente a todos sus compañeros.

Rituales diarios

Tanto los estudiantes como los profesores estarán de acuerdo en que el estrés nos alcanza a todos. Por eso es importante introducir un aprendizaje social/emocional, dentro de los salones de clase y los lugares de trabajo, en pocas palabras, esto se pude hacer con creativas prácticas cortas, de alto impacto. Prácticas que debemos hacer todos los días y no hasta que la necesidad de hacerlo se presente.

Hay muchas actividades que se pueden hacer rituales pequeños cada día, como comenzar la clase con un baile que ayude a los alumnos a despertar, a cargar energía y luego terminar con ejercicios que los calmen, que les ayuden a reconocer las emociones con las que llegaron a la clase y puedan hablar de ellas con el grupo, esto además de relajarlos, los acerca.

Existe una organización llamado Move This World (MTW) que tiene ideas grandiosas, puedes consultar su página en Internet. Ellos se dedican a crear dinámicas para que tanto los alumnos como los maestros y los padres de familia trabajen sus emociones tanto de forma individual como comunitaria.

Hace poco tuve la oportunidad de asistir durante todo un día a una sesión que dirigió Anya Warburg en Nueva York. Ella y su equipo nos guiaron a través de todo un día de prácticas que eran instantáneamente aplicables no solamente en los salones de clase, sino también en juntas o conferencias. Es difícil describir en palabras, lo significativas que fueron estas interacciones. Creamos danzas, poesía y estatuas humanas. Aplaudimos, vitoreamos y gritamos todos juntos. Los asistentes nos abrimos y hablamos acerca de nuestras vidas y compartimos historias profundas acerca de la pasión que sentimos por nuestros estudiantes y la enseñanza. Las prácticas creativas eran seguras; nunca sentimos que hubiera un riesgo de fallar. Muchos de los asistentes eran profesores locales que querían mejorar sus clases. Muchos de ellos hablaron de ser líderes del cambio dentro de sus instituciones, porque este tipo de prácticas construyen una nueva cultura de conciencia, reflexión y conexión.

 

educación y aprendizaje

Una de las últimas actividades que realizamos, fue pretender que éramos uno de nuestros estudiantes problema, treinta años en el futuro, como si verdaderamente hubieran logrando maximizar su potencial.

El poder que da visualizar lo que tomaría ayudar a ese estudiante a dar el salto, personificar la acción y hablar en su favor -no puedo ni comenzar a describir la lluvia de emociones que cada uno de los profesores sintió, cuando se dieron cuenta del papel que juegan al ayudar a ese estudiante problema a ver y reconocer su verdadero potencial-, nos hizo sentir con más poder para lograr un impacto en la vida de nuestros alumnos y en las de la gente que conocemos.

 

La clave para motivar a los estudiantes

Es fundamental que tus estudiantes sepan que te importan y que te preocupas por ellos.
Es importante que sepan que cuentan contigo.
Es muy importante que sepan que quieres lo mejor para ellos.
Esto no es cualquier cosa.
Los estudiantes que crean todo lo anterior de su maestro, tendrán un profesor mucho más efectivo, que aquel maestro que no es considerado así por sus alumnos.

alumnos motivados
Esto lo hace todo mucho más sencillo: escuchar, estar atento, comportarse, madurar, ser independientes…
Muy pocas áreas de desarrollo social y académico, quedan intocadas por tu habilidad de comunicación con tus estudiantes. Pero sí hay un área que resulta la más beneficiada con todo esto, es un área con la que muchos profesores luchan. Es también uno de los campos más malentendidos, incluso, o especialmente por las escuelas encargadas de entrenar a los maestros. Esta área es la motivación.
El sólo saber que lo que más te importa es su bienestar, hace que los estudiantes confíen en ti y crean lo que digas. Logra que se involucren con tu visión para la clase.Lo repito, esto no es cualquier cosa, porque cuando los estudiantes creen que tus palabras son verdaderas, verdaderamente significan algo para ellos.
“Cree en ti mismo.”
“Puedes lograr esto.”
“Posees todo lo necesario para tener éxito.”
“Has hecho un buen trabajo.”


Cuando viene de alguien en quien confían y a quien admiran, las palabras correctas, pronunciadas en el momento justo, pueden provocar un incendio, incluso en el más apático de los estudiantes. Cuando son precedidas por una clase clara y bien explicada, y la expectativa de que el trabajo independiente realmente significa independiente, pueden transformar a una clase completa.
Sin embargo, existe otro ingrediente clave. Es uno que pone a muchos profesores algo nerviosos, un ingrediente que muy pocos se sienten capaces de mencionar entre sus compañeros. Es el siguiente: tienes que estar dispuesto a permitir que tus estudiantes fallen.
Así es, tus estudiantes tienen que saber que tú no vas a hacer una pizca del trabajos que a les corresponde a ellos. No vas a enseñar lo mismo una y otra vez. No vas a apapacharlos durante sus deberes. No vas a pretender que el trabajo inadecuado es aceptable, solamente para que un estudiante pueda pasar.
Tienen que tener muy claro que están verdaderamente solos. Tienen que ser concientes de que sin esfuerzo y compromiso con su trabajo, pueden desplomarse.

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En los círculos de la educación hay una cierta reticencia a permitir que los estudiantes aprendan lecciones duras. Se ha convertido en una cuestión de honor, y de expectativas, que los maestros hagan más y sean más para sus estudiantes. Los administradores apoyan esto. La corriente actual de enseñanza acoge este concepto por completo. Pero es un desastre, tanto para los estudiantes como para los profesores. Mina la motivación de los alumnos. Los llena de aburrimiento e indiferencia. Los despoja de toda seguridad en sí mismos.
Es también una de las razones principales, por las cuales los profesores están estresados, exhaustos y buscando un cambio de carrera. Lo único que los estudiantes aprenden de un maestro que no los deja fallar, es indefensión. La única cosa que aprenden es que ellos solos no pueden.
Cuando hay un prospecto de fracaso, cuando existe un peligro verdadero de ser vencido, los estudiantes sienten el satisfactorio peso de la responsabilidad. Les da dirección, los reta, los llena de energía, responsabilidad, determinación y entusiasmo.
Cuando hay algo en la cuerda floja, sus motores motivacionales se encienden. Sus ojos brillan y sus espíritus se elevan. Desarrollan agallas y la mentalidad de que pueden mejorar en cualquier cosa si trabajan en ello. Esto es verdadera motivación. Nace de lecciones vibrantes y cautivadoras, enseñanzas claras y el hecho de que la responsabilidad sea totalmente del alumno y no de los profesores. Nace de un profesor que comunica a sus alumnos un amor incondicional. Nace del darle la bienvenida a la carga, a la independencia verdadera, y a la posibilidad real de fracaso.

¿Es que los estudiantes que eligen el aprendizaje autodirigido tienen mentores, guías e instructores?

Aquellos que no están familiarizados con el aprendizaje autodirigido, algunas veces tienen un estereotipo de lo que significa ser un aprendiz autodirigido. Uno de ellos es el de el estudiante solitario e independiente que hace todo a su manera. Depende sólo de sí mismo, sin apoyarse en maestros u otro tipo de instructores. Sin embargo, en mi estudio sobre el aprendizaje autodirigido, eso tiende estar muy lejos de la realidad. De hecho, muchos aprendices autodirigidos buscan guías y mentores en su búsqueda de conocimientos nuevos. Ellos son dueños del aprendizaje, pero buscan mentores y guías para lograr sus metas.

Este tipo de aprendizaje no es un aprendizaje solitario, ni anarquista, ni anti-profesores y tampoco es un egoísta. Al menos esa no es la visión de los que abogan por el aprendizaje autodirigido. Lo que lo hace diferente es que el aprendiz, no el profesor, ni la autoridad, se apropia de lo que quiere aprender, del por qué lo quiere aprender y del cómo lo quiere aprender. Nace de la convicción de que enseñar autosuficiencia y autodisciplina se hace de forma efectiva al crear un contexto donde uno puede practicar la autodisciplina y ser cada vez más autosuficiente.

aprendizaje autodirigido

Por tanto, crecer como un autodidacta, frecuentemente involucra el desarrollar una comprensión más profunda de lo que significa encontrar y aprender de instructores, mentores y otros guías.

Es interesante que muchos de estos contextos de aprendizaje, tienen tradiciones y prácticas muy ricas asociadas a la retroalimentación personalizada y frecuente. A mi me encanta ver este tipo de relación, cuando mi hijo va a su clase de Karate. Comienzan por sentarse en el piso en una forma muy estructurada, pero esto es porque cuando te sientas importa, cómo te sientas importa, cómo te vistes importa. El profesor está al frente y comienza la clase de forma parecida todos los días; los lleva a través de una serie de ejercicios, los estudiantes imitan lo que el profesor hace, sin embargo el profesor los esta observando atentamente y dando casi todas las instrucciones y correcciones de forma individual y no de modo grupal.

Los estudiantes deben concentrarse. Se concentran en las indicaciones del maestro, pero al mismo tiempo ponen mucha atención en lo que están haciendo. Se están involucrando en un tipo de práctica profunda, enfocada y deliberada. Algunas veces el profesor llama a alguien para que lleve acabo uno de los ejercicios al frente, los otros lo observan y aprenden. El profesor está casi completamente enfocado en ese estudiante, dándole toda la instrucción y corrección necesarios. Si alguien requiere de más ayuda, esa persona es colocada en el fondo del salón, para que trabaje con otro maestro, practicando incluso más mientras la clase progresa. Aquí no se juzga a nadie, ni hay vergüenza, es sólo parte del proceso. Es un método sobreentendido para mejorar y lograr llegar a las metas.

Considerando un contexto así, no parece muy autodirigido, de hecho entra más en la categoría del profesor que dirige el aprendizaje; sin embargo, cuando lo miramos atentamente, es un aprendizaje increíblemente personalizado y cada persona es retada a desarrollar una capacidad de crecimiento y autocorrección. Cuando veo a mi hijo practicando en casa, se hace auto-correcciones constantemente, no al final, sino en cada movimiento. Unos cuantos meses después de haber empezado en Karate, que comenzó a pensar y hablar con más precisión acerca de sus movimientos que de cualquier otro tema de su vida. Su comprensión de la práctica deliberada ha mejorado sorprendentemente. Su capacidad de concentración ha aumentado; en otras palabras, en este contexto donde un maestro dirige, él está desarrollando habilidades de crítica para auto-dirigirse.

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Sin embargo, esto es algo que él eligió. No lo forzamos a regresar a clase, él quiere hacerlo, esto le pertenece y esto hace que logre un conjunto de metas personales. Esto es lo que sucede con todos nosotros cuando crecemos como aprendices auto-dirigidos. Nos ponemos metas personales, exploramos nuestras opciones de aprendizaje (incluyendo contextos más estructurados), medimos los beneficios y limitaciones de nuestras opciones y elegimos aquellas que creemos que nos ayudarán más a lograr nuestros propósitos.

Todos podemos aprender de los demás, algunas veces de colegas, de gente que ha viajado más lejos en a través de camino específico, etc., esto es igual para un aprendiz auto-dirigido. De hecho el aprendiz auto-dirigido que se siente seguro de sí mismo, es capaz de ver que las opciones son mucho más extensas de lo que podemos imaginar. Por tanto, los aprendices auto-dirigidos, están abiertos a innumerables posibilidades de profesores, mentores, instructores y guías, en su búsqueda por aprender y experimentar nuevos conocimientos.