Retroalimentación y evaluación no son lo mismo

En el extremo afilado de la educación, evaluación y retroalimentación, frecuentemente se fusionan, lo cual no resulta de mucha ayuda. Claramente ambos procesos se relacionan y están conectados – dar retroalimentación, sin haber hecho antes algún tipo de evaluación es quizá imposible en un sentido significativo y muchas evaluaciones resultarán en una forma de retroalimentación que se da o recibe – pero no son lo mismo.

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Vale la pena dar unas definiciones simples:

Evaluación: Es el proceso de juzgar o decidir la cantidad, valor, cualidad o importancia de algo.

Retroalimentación: Es información que se da en la cantidad, valor, calidad o importancia de aquello que está siendo juzgado o medido.

Evaluar la actuación de los estudiantes es un asunto complejo. Puede parecer obvio que podríamos simplemente preguntarle a nuestros estudiantes lo que han aprendido, pero, ¿cómo sabemos que estamos haciendo las preguntas correctas? Nuestras preguntas, frecuentemente dan pie para que los alumnos de universidades den respuestas particulares y no es probable que revelen lo que verdaderamente han aprendido. Cualquier inferencia que hagamos a cerca de qué o si los estudiantes han aprendido, tienen la probabilidad de fracasar, a menos que tengamos un trabajo del conocimiento decente sobre confiabilidad y validez.

Validez, nos hace cuestionarnos si es que estamos midiendo las cosas que afirmamos estar midiendo y si las interpretaciones que hacemos de las calificaciones de los exámenes de los estudiantes y las decisiones que hacemos subsecuentemente son razonables.

Validez representa el alcance al que una medida es permanece igual cuando diferentes estudiantes son evaluados por distintos profesores, o si los mismos estudiantes se les dieran las mismas evaluaciones en ocasiones distintas.

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Esta es una enorme simplificación del tema: hay mucho más.

La retroalimentación tiende a ser mejor entendido que la evaluación, pero todavía hay mucho que podemos aprender de las diferencias entre ambas. Asumiendo que las evaluaciones que hemos hecho son confiables y las inferencias válidas, entonces estamos en posición de dar retroalimentación. Claro está que solamente porque damos alguna retroalimentación útil, esto no quiere decir que la comunicaremos en forma tal que los estudiantes entiendan cómo usarla o decidan usarla en caso de que la hayan entendido. Sin embargo, dar retroalimentación basada en evaluaciones no confiables e inferencias inválidas puede ser desastroso. En el mejor de los caso será ignorada, pero si los estudiantes deciden tomar esa retroalimentación seriamente pude que intenten mejorar algo que no necesita ser cambiado, o más probablemente, no cambiarán algún aspecto de su trabajo que sí necesita ser mejorado.

 

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